El Liderazgo: ¿Nace o se Hace?

En el artículo “El liderazgo ¿Es imprescindible para un #Emprendedor?” hacía hincapié en que el liderazgo puede ser negativo pero, en esta ocasión, quiero tratarlo desde un punto de vista más positivo.

Parto de la base de que el concepto que socialmente tenemos de un líder suele estar confundido; creemos que deber ser una persona visionaria a la que se le ocurren cosas que nunca antes nadie había pensado, pero esto no tiene por qué ser así.

Un líder visionario no necesariamente tiene que ser un innovador y pionero, muchos se inspiran en otras empresas, productos o servicios, pero lo que sí consiguen es hacer de una idea algo más grande y relevante para la vida de los demás.

El mejor ejemplo que podemos encontrar al respecto es el de Steve Jobs. Todos conocemos los productos de Apple, pero si hay uno que supuso el renacer de la compañía fue el iPod. Pues bien, Apple no fue la inventora de un dispositivo para almacenar música, pero lo que sí consiguió es desarrollar un modelo de negocio en torno a ese concepto. A la vista está la revolución que esto supuso.

Posiblemente mencionar a Steve Jobs en este post no sea lo más acertado, puesto que ser el nuevo Jobs está al alcance de muy pocos, y lo que yo defiendo es que en la mayoría de las personas hay cualidades ocultas innatas que les pueden ayudar a ser grandes emprendedores.

Esto lo explica mucho mejor José Miguel Bolívar en un artículo de su blog Optimainfinito.com que leí hace tiempo y en el que afirmaba que todos llevamos algo de liderazgo dentro:

“…El liderazgo no se aprende ni se enseña. Tampoco es privilegio de unos pocos. Todas las personas son capaces de aflorar su liderazgo si se crean las condiciones para ello.”

Pero, como todo en la vida, no sólo basta con tener una cualidad innata para explotarla. Hay que trabajarla y entrenarla para obtener el mayor beneficio de ella. Esta debería ser una tarea de nuestro sistema educativo pero, mientras nuestros políticos utilicen la educación con fines partidistas y como una herramienta de adoctrinamiento, esto está muy lejos de producirse.

Mientras tanto, si tienes alguna inquietud por emprender y no sabes si puedes llegar a ser un buen líder, no te va a quedar más remedio que confiar en ti y aprender de los errores. Y estos, cuanto antes los cometas, mejor.

#Emprendedores, orientad la cultura de vuestra empresa a la toma de riesgos

“El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”

Winston Churchill

Para el emprendedor el fracaso es su espada de Damocles que hace que tenga que soportar un peso adicional que, en muchas ocasiones, reduce la lucidez a la hora de tomar decisiones, de tal manera que decidimos no salir de nuestro círculo de confort y optar por lo seguro, una reacción que es normal y humana.

Pero la seguridad es un riesgo, y esto lo explicó muy bien Seth Godin en su libro “la vaca púrpura”: Respondemos a nuestra aversión por las críticas escondiéndonos, evitando los comentarios negativos y con ello garantizamos nuestro fracaso. Si la única forma de abrirse paso es ser extraordinario y la única manera de evitar la críticas es ser aburrido y estar seguro, la elección es obvia, o no.

La realidad es que en la mayoría de las empresas no existe una cultura orientada a la toma de riesgos y empieza a ser una necesidad para mejorar nuestra competitividad.

Al respecto de esto, hace un tiempo, pude leer una iniciativa que me gustó mucho, fue en el blog de Jeff Stibel en Harvard Bussiness Rewiew.

Jeff explica como puso en marcha lo que él llama el muro del fracaso, como parte de sus esfuerzos para crear una cultura de empresa donde los empleados pudieran tomar riesgos sin temor a represalias.

Una noche volvió a sus oficinas y pintó toda una pared de blanco, y escribió unas sencillas instrucciones; 1. Describir un error cometido, 2. Describir el aprendizaje que supuso y 3. Firmar con el nombre.

Una vez hecho esto, el primero en dejar constancia de sus tres mayores fracasos fue el propio Jeff Stibel. En pocos días el muro estaba lleno.

Por supuesto, una iniciativa como esta no dejaría de ser algo aislado de no existir una filosofía corporativa ante los errores, él explica que en sus oficinas no fomentan la toma de riesgos, si no que exigen el fracaso, argumentando que si no fallas de vez en cuando, entonces probablemente no estás avanzando. Algo que va muy en la línea de lo que afirma Seth Godin.

Aunque esto puede ser muy atractivo de implantar Jeff advierte que en última instancia lo que conforma esta cultura son las personas, por eso la mejor manera de implantarla es centrarse en la contratación de las personas, considerando su adaptación a la cultura incluso por encima de sus cualidades profesionales.