El mito de la resistencia al cambio

En el mundo de la empresa existen varios tipos de miedos; uno de ellos es el miedo al cambio. Resulta curioso lo contradictorios que podemos llegar a ser los seres humanos en estos casos. Al fin y al cabo somos seres evolutivos, por lo que estamos cambiando permanentemente.

Tenemos totalmente asumido el axioma de que todas las personas oponemos resistencia al cambio, pero esto no debería ser así, al menos, de manera absoluta.

Si lo miramos desde un punto de vista científico resulta que el hombre es hombre gracias a su capacidad de adaptación, por lo tanto, si llevamos miles de años adaptándonos a los cambios ¿por qué nos cuestan tanto cuándo se refieren a temas laborales?.

Soy de los que piensa que el trabajador no se resiste al cambio porque sí, sino porque los cambios le generan incertidumbre. Esto nos permite concluir que, si el trabajador es resistente al cambio, lo es porque dichos cambios no se explican de forma conveniente. Falla la comunicación.

Las empresas, y más en estos tiempos, tienen que ser entidades dinámicas, con una gran capacidad de adaptación a los cambios del entorno, pero esta adaptación sólo se la da su equipo humano. Por eso es fundamental una cultura más receptiva a los cambios, es decir, implantar políticas de comunicación que expliquen detalladamente el porqué, el cómo y las consecuencias de los cambios que se quieran implantar.

La esencia de la vida es el movimiento; esto es así y lo es en todos los aspectos de la vida que nos queramos imaginar. La empresa no es ajena a ello, por lo que también tiene que moverse, o dicho de otra forma, o cambia o muere.

Si el cambio no forman parte de su filosofía y sus valores o, siendo así, no se transmite de forma efectiva a los trabajadores, nos encontraremos con que cada vez que desde la dirección se necesite dar un cambio de rumbo estratégico en la empresa, los trabajadores no pondrán todo lo que deberían poner para asimilarlo lo antes posible.
No es miedo al cambio lo que deberíamos tener, sino a no cambiar.

Emprender nunca puede ser una mala decisión (pase lo que pase)

En Puro marketing he podido leer un artículo de Jordi Valls titulado Emprender puede ser una decisión fatal y, aunque tiene toda la razón en sus argumentos, siento no estar de acuerdo con una visión tan pesimista del mundo de la creación de empresas.

No defiendo que haya que ocultar la realidad; no es sencillo montar una empresa, pero ¿qué hay fácil en la vida?
Durante la lectura me acordé de una frase que leí en el libro de Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña Ha llegado la hora de montar tu empresa, que decía que fracasar pronto es el primer paso para tener éxito rápidamente.

Esta frase debería estar en el decálogo filosófico de todo emprendedor, pero esto choca con la percepción social que hay sobre el fracaso. La psicología moderna nos ha enseñado que el carácter de una persona no viene determinado al 100% por sus genes, sino que, en su mayoría, está influido por el entorno social que habita. Aquí tocamos hueso. Somos una sociedad muy pesimista en este sentido y penalizamos mucho el fracaso.

La situación opuesta se da en los Estados Unidos, donde las empresas de capital riesgo no invierten un dólar en proyectos en los que sus emprendedores no hayan fracasado en alguna ocasión. Igualito que en España.

En un post anterior daba la receta de las cualidades que debe tener todo emprendedor: sentido común, sensibilidad y determinación. Más gente de la que podamos pensar posee estas cualidades. Por ejemplo, creo sinceramente que la gran mayoría de los compañeros de trabajo que he tenido la fortuna de tener, están perfectamente cualificados para montar con éxito una empresa y, sin embargo, para la gran mayoría de ellos es una opción que no existe.

Así que, sin negar la realidad y las dificultades del camino, mi consejo es cabeza fría y corazón caliente y a intentarlo, que no hay peor sensación que la de preguntarse qué hubiera pasado si…