¿Toda innovación es cara?

Uno de los conceptos que más se maneja en el mundo emprendedor es el de la innovación, la mayoría de la veces entendido como la invención de algo novedoso que supone la creación de un nuevo mercado. Pero abrir mercado es muy difícil, por todo lo que conlleva de costes para la empresa.

Entonces ¿existe otra manera de innovar? Por supuesto que sí. También es innovación el dar a un objeto que ya existe en el mercado una configuración, estructura o constitución de la que se derive una ventaja apreciable para su uso o fabricación, es decir, una buena forma de innovar también puede ser pensar en lo cotidiano e intentar simplificar las cosas. Con esto consigues una importante ventaja y es que te costará mucho menos explicar para qué sirve o qué hace tu producto o servicio, ya que aportas mejoras sobre algo que ya se conoce. Eso sí, de lo que no te libras es de tener que definir tu público objetivo.

Tendrás que concretar si tu target estará formado por los ya clientes de la versión más compleja o si por el contrario tu simplificación puede llegar a hacer que más públicos se conviertan en potenciales clientes. Este último caso es el que considero más atractivo.

Como ejemplo de esto, hace unos años una empresa del norte de Europa (perdón porque no recuerdo su nombre) tuvo gran éxito vendiendo pequeños gallineros con gallina incluida y con el aliciente de que lo dejaban todo listo para que pudiera poner huevos desde el primer día. La verdad es que su producto final estaba muy cuidado y a priori incorporaba los ingredientes necesarios para triunfar, como así fue.

En primer lugar incorporaron diseño, algo que nunca nadie pensó que hiciera falta en un gallinero. Se trataba de un pequeño habitáculo de un metro cuadrado con un diseño exclusivo y con una gama de colores llamativos a elegir.

En segundo lugar, el gallinero venía equipado con todo lo necesario para que la gallina se encontrara lo más cómoda posible, incluyendo la instalación de luz y agua listas para conectar a la red.

Evidentemente, este producto no resultaba tan atractivo para aquellos amantes del campo y de los huevos frescos, pues estos ya disponían de su gallinero particular. Pero sí consiguieron uniendo sencillez y diseño que mucha gente a la que le gustaría consumir huevos caseros, pero que no se atrevía por el engorro que suponía, se animaran a hacerlo.

Este es un gran ejemplo de innovación. Simplificaron y le facilitaron las cosas al cliente y como premio encontraron un nicho en un mercado que se podía pensar saturado.

¿Qué podemos aprender de un fracaso?

Estos días estivales nos suelen servir para hacer balance de cómo ha ido el año. Como ha sido difícil para la mayoría, me gustaría tener un recuerdo para todos aquellos emprendedores que han visto sus proyectos fracasar. Sobre todo para aquellos a los que su aventura les ha llevado a una situación economía crítica. Aunque sirva de poco, mi más sincero apoyo y admiración.

En una situación así, posiblemente no es buen momento para animar a nadie a volver a intentarlo. Ni muchísimo menos esa es mi intención. Pero si me gustaría hacer ver que, justamente, de los fracasos se aprende más que de los éxitos y que, aunque en los primeros momentos sentirse deprimido es lo más normal, se puede ver el vaso medio lleno y conseguir que el defecto se convierta en virtud. La realidad es que el fracaso le concede un bagaje importante al emprendedor.

Socialmente tenemos alergia a la palabra fracaso pero, si se quiere aprender algo de los malos momentos, a las cosas hay que llamarlas por su nombre y no intentar enmascararlas con eufemismos.

Para lo primero que le tiene que servir el fracaso al emprendedor es para conocerse mejor. Con respecto a esto, Rafael Galán y Javier Escudero en su libro El error positivo hacen referencia a las conclusiones de un estudio sobre cómo evalúa el ser humano los errores (que son los que nos llevan al fracaso). Fue realizado en el 2007 por los psicólogos estadounidenses, Lisa Blackwell y Kali H. Trzesnieswski.

En sus investigaciones demostraron que las personas que mejor desempeñan sus funciones no pierden el tiempo rumiando sus fallos, sino que buscan la forma de resolver los problemas y las estrategias a seguir para que no les vuelva a ocurrir.

A la hora de aprender, concluyeron que hay dos tipos de personas: aquellas cuya confianza en sí mismos se viene abajo con los errores, porque los atribuyen a una falta de habilidad y evitan los retos porque en ellos es habitual cometerlos, y aquellas personas que creen que los errores ofrecen oportunidades, que quieren aprender por encima de cualquier otra cosa, y creen que si trabajan más consiguen más.

Para lo segundo que nos puede servir es para reforzar nuestro carácter. En mi post Cualidades para superar cualquier crisis, hablé del carácter como la cualidad que nos permite ser perseverantes ante los obstáculos y de que no debemos tener miedo a afrontar nuevos retos, pues nuestro carácter viene marcado por las veces que nos hemos sabido levantar.

En definitiva, reitero lo dicho anteriormente, no es mi intención animar a nadie a que vuelva a intentarlo, no me atrevo. Pero si creo que es positivo compartir las experiencias. Por eso sí animo a compartir los malos finales. No sólo se tiene que aprender de los errores propios, también se puede aprender de los ajenos, aunque esto suponga un gran esfuerzo, pues a nadie le gusta reconocer que se ha equivocado.

¿Por qué lo llaman social media cuando simplemente es Comunicación?

En aquellas empresas donde sus directivos o dueños superan los cincuentaitantos, resulta muy habitual que los profesionales de marketing dediquen grandes esfuerzos a convencerles sobre lo importante que sería que la empresa tenga presencia en las redes sociales.

Lo cierto es que en nuestro país, en ocasiones, abusamos de los anglicismos y eso, a veces, resulta más perjudicial que beneficioso. Como en este caso, para muchos directivos esto del Social Media Management o los Community Manager les suena a chino y por ello la primera labor antes de definir una estrategia de social media es la de evangelizar a los de casa.

Lo cierto es que esta labor de convencer es difícil porque aunque el social media tenga el mito de que es barato, esto no deja de ser un mito; es barato, sí, pero relativamente. Una estrategia bien ejecutada requiere de medios y sobre todos recursos humanos y eso cuesta dinero, y además está el tema del ROI que no es tan medible como desearían los jefes.

Resumiendo lo más habitual es que la primera respuesta sea negativa, ya que necesitamos presupuesto, tiempo y el retorno de la inversión es difícilmente calculable.

Pero la explicación es mucho más sencilla. Yo me pregunto si, hoy en día, hay algún directivo que se plantee no tener ningún canal de comunicación con sus clientes, a ver quién es el listo que decide no tener teléfonos en su empresa. Siguiendo con el ejemplo del teléfono, ¿qué es lo que le dio valor al teléfono? ¿Los propios aparatos? No lo creo, su verdadero valor es ser un canal por donde discurre la COMUNICACIÓN.

Con las redes sociales pasa lo mismo, en si mismas no valen nada, y siguen sin valer nada aunque tengan 500 millones de usuarios registrados. Su valor viene por la cantidad de comunicaciones que canalizan y ahí está el quid de la cuestión. Son un canal de comunicación y las empresas, y más hoy en día, lo que necesitan es tener cuántos más mejor.

Resulta fundamental abrir canales con los que los clientes se encuentren más cómodos y los utilicen de forma cotidiana. Para muchas personas (millones aunque no 500) las redes sociales les facilitan las comunicaciones ya que les cuesta menos contactar con una empresa que coger un teléfono, buscar un número, marcarlo, y quedar a la espera de que le pongan con la persona que necesitan para solucionar su problema o simplemente para transmitir un mensaje que consideran importante.

En resumen, son nuevas formas de comunicarnos y, como todo lo nuevo, puede que cueste al principio encontrar el modelo que aporte valor a la empresa pero eso sólo llega con la experiencia. Por tanto, cuanto antes se empiece, antes aportarán valor.

Cualidades para superar cualquier crisis

“Cuando no sopla el viento, incluso la veleta tiene carácter” (JERZY LEC, STANISLAW) 1909-1966.

La naturaleza nos ha enseñado que no son los más fuertes los que sobreviven sino los que mejor de adaptan al medio.

En los tiempos que nos ha tocado vivir el medio cambia a la mayor velocidad de la historia, si no piensa en nuestros abuelos, que cuando empezaron a trabajar aprendieron el oficio y a la hora de jubilarse continuaban ejecutándolo igual que el primer día, y nuestros padres, que ya les tocó en algún momento de su vida laboral aprender a usar nuevas herramientas con las que desarrollar su trabajo.

Y ahora en nuestra generación, que en pleno ecuador de nuestra vida profesional, seguramente de media ya nos ha tocado aprender a utilizar tres herramientas distintas para ser competitivos en nuestro trabajo. Desisto de imaginar la cantidad de cambios que tendrán que afrontar nuestros hijos.

Dicho esto, se necesitan unas cualidades específicas para hacer frente a tanta inestabilidad. Pero tenemos una buena y otra mala noticia, la buena, que dichas cualidades están dentro de la gran mayoría pues nacemos con ellas y las conservamos durante nuestra infancia. La mala, que se trata de cualidades que nuestro sistema educativo se encarga de ir limando hasta convertirnos en personas grises cortadas casi todas por el mismo patrón. Me refiero a la actitud y al carácter.

Como ejemplo de actitud, nunca olvidaré a un hombre con el que compartí habitación en un hospital, recuerdo que acudí al hospital para operarme de una rodilla, en total, estaba previsto que permaneciera allí no más de tres o cuatro días, pero la actitud con la que afronté la operación fue la de irme cuanto antes. El caso es que veía como el tiempo pasaba lentamente debido a lo amargado que estaba, sin embargo, en la cama de al lado estaba este hombre, que llevaba dos meses en cama, aún le quedaba otro más y era la alegría de la habitación, optimista, bromista, de buen humor, toda una lección.

Nunca se sabe cuando puedes recibir una auténtica lección de cómo superar los malos momentos.

En cuanto al carácter. Es la cualidad que nos permite ser perseverantes ante los obstáculos. No debemos tener miedo a afrontar nuevos retos pues nos ayudan a rescatar nuestro carácter. Al fin y al cabo Tu carácter viene marcado por las veces que te has sabido levantar.

Tomar decisiones es fácil, lo difícil es ejecutarlas

Se suele pensar que tomar decisiones es difícil, pero no es así. Lo verdaderamente difícil viene después, a la hora de ejecutarlas. Es ahí cuando se ve el grado de convicción con el que se han tomado dichas decisiones.

Como comercial esto lo he vivido en varias ocasiones; se toma la decisión, pero a la hora de ejecutarla lo único que comienza es a pasar el tiempo. Es entonces cuando te das cuenta que se tomó con muy poco convencimiento.

A la hora de poner en marcha una decisión pueden darse dos circunstancias: que quien decide sea el que la va a llevar a cabo en primera persona, o que dependa de terceros. Es evidente que el que la dirección no se involucre es un factor que influye en las probabilidades de fracaso de la ejecución.

En estos casos, la causa principal por la que se fracasa es porque no se llegan a trasmitir de forma conveniente los mensajes necesarios.

Y ahí está la clave, en la comunicación, a la que ya he dedicado un artículo anterior, y a la que en muchas empresas todavía no se le da la importancia adecuada.

Tres son los mensajes que tienen que quedarles meridianamente claros a todos y cada uno de los trabajadores involucrados en un cambio:

  • Las ventajas individuales, que siempre las hay.
  • Las ventajas colectivas, que son por las que se toma la decisión, y
  • Que no hay marcha atrás, para no alentar la resistencia al cambio natural que tenemos los seres humanas -unos más que otros-.

Con respecto a este último, por experiencia, no me cabe la más mínima duda de que si existe una pequeña posibilidad de poder regresar al estado anterior, ese resquicio va a ser la garantía de fracaso de la decisión tomada.

Por eso es vital transmitir los mensajes de forma conveniente, teniendo en cuenta que cada persona los percibe de manera distinta, y asegurarse de que todos los trabajadores los han comprendido.

La importancia de la comunicación interna en la empresa

Posiblemente, uno de los aspectos más difíciles para un empresario es la gestión de los recursos humanos. Personalmente, creo que el más complicado con diferencia.

De hecho el punto crítico que hace que una empresa pueda dar el salto de pequeña a mediana es el éxito en la administración de su comunicación interna.

Para poner de manifiesto lo complicado de esta tarea voy a contar un experimento en el que pude participar, hace unos años, en un curso sobre gestión. El profesor de RRHH pidió a uno de los compañeros que describiera con todo lujo de detalles un dibujo que tenía delante y a su vez nosotros, sólo con sus explicaciones, que los plasmáramos en papel. El resultado fue que de los quince alumnos que éramos no hubo ningún dibujo repetido, a pesar de que todos habíamos oído la misma descripción.

Con un ensayo así lo que queda claro es que para que exista una comunicación interna 100% eficaz, ésta debería poder adaptarse de forma personalizada a cada trabajador puesto que, es evidente, que cada persona percibe de manera distinta.

Pero hay que ser realistas; es utópico pensar que la comunicación dentro de una empresa pueda llegar a ser personalizada, aunque, por el contrario, si es demasiado genérica perderá mucha efectividad, con lo que la actividad de la empresa, y por tanto su desarrollo, se verá retrasado y descoordinado, con todos los conflictos que esto conlleva.

Se trata pues, de encontrar un equilibrio, siendo conscientes de que el grado de optimización será mayor cuanto mejor conozcamos a nuestro equipo de trabajo. Por este motivo el proceso de selección se torna fundamental y debería valorar, además de los conocimientos técnicos del trabajador, sus cualidades y capacidades comunicativas.

Una forma de optimizar la comunicación es detectar si el profesional esta en sintonía con los valores de la empresa, para lo que es importante conocer el tipo de profesional que es. A esto nos puede ayudar una sencilla clasificación que desarrolló en un estudio McKinsey & Company, en el que distinguía 4 tipos de empleados:

1. Los del tipo ganador: que buscan su desarrollo y el logro.
2. Los del tipo grandes riegos, grandes recompensas: que buscan una buena remuneración.
3. Los del tipo estilo de vida: que persiguen la flexibilidad.
4. Los del tipo salvar al mundo: que buscan oportunidades para contribuir a una gran misión.

En virtud de esto, es importante catalogar lo antes posible a los participantes del proceso de selección para centrarse en aquellos que resulten más adecuados y compatibles con los valores de la empresa, puesto que esta afinidad mejora los procesos de comunicación.

Pero, además de la sintonía con los valores de la empresa, para que la comunicación con los empleados sea óptima es importante que exista una actitud constructiva, ya que no se puede dialogar con quien sólo tiene la intención de destruir. Puede parecer una exageración pero aún hay profesionales que ven a los empresarios como al enemigo, siempre dispuesto a hacerles la vida imposible.

En caso de detectar alguna una de este tipo, no se debe dudar en aplicar uno de los mejores consejos que he escuchado en el mundo de los emprendedores: contrata despacio y despide deprisa. Personalmente, sobre esto tengo una filosofía muy estricta (si se quiere ver así), pero con respecto a lo que aporta un trabajador en la empresa sólo pueden darse tres situaciones: una que exista total seguridad en que debe continuar en la empresa, otra que existan dudas de si debe o no continuar y la tercera, que exista total seguridad de que no debe continuar. Yo lo tengo claro, sólo cuando se da uno de los tres casos el trabajador continúa en el proyecto.

El liderazgo ¿Es imprescindible para un #Emprendedor?

En el mundo empresarial se da por hecho que una de las cualidades que debe poseer un gran emprendedor es el liderazgo. Personalmente creo que no es una cualidad necesaria para triunfar en un proyecto empresarial.

No discuto que con liderazgo posiblemente todo cueste menos (dentro de lo que cabe), pues es más fácil convencer a cualquiera de que te siga allá dónde vayas, pero tampoco es una condición que garantice el éxito, fundamentalmente porque hay varios tipos de liderazgos y no todos son positivos.

Por ejemplo, a menudo se da el caso de directivos con exceso de liderazgo que imponen sus criterios e ideas, no necesariamente de forma autoritaria. Si ese directivo es un Steve Jobs, miel sobre hojuelas, pero desgraciadamente Steve Jobs hay muy pocos.

Este tipo de líderes, que generalmente están bien vistos dentro de la empresa por su personalidad y carisma, al final, resultan líderes tóxicos, siendo un lastre y un obstáculo para desarrollar conceptos de trabajo muchos más productivos para la empresa, como puede ser la inteligencia colectiva. Para mí, este es el concepto clave y el modelo de trabajo que toda organización que quiera crecer más rápido que su competencia debería desarrollar.

Desarrollar una verdadera inteligencia colectiva es todo ventajas, se consigue que todos los miembros del equipo crezcan profesionalmente, que estén más comprometidos con el proyecto, que se refuerce más su autoconfianza y, todo junto, acaba provocando que el grupo genere ideas más productivas que las que pueda desarrollar una única persona que, por su exceso de liderazgo, lo acapare todo.

Otro defecto muy habitual de los directivos con exceso de liderazgo es atribuirse los éxitos y dejar que los fracasos sean culpa (concepto a abolir) de los demás. Un directivo con este tipo de perfil dentro de una organización es bastante peligroso, puesto que, tienden a implantar en la empresa una cultura de búsqueda de culpables, por encima de la de análisis de las circunstancias que provocan los errores.

Tristemente son muchas las organizaciones que premian y potencian estas actitudes injustas y negativas de sus directivos, eso sí, no de forma declarada puesto que de puertas afuera el mensaje suele ser el de trabajo en equipo. Pero una cosa es la cultura pública de la empresa y otra la realidad, y no suelen coincidir. Esta incoherencia entre estos dos aspectos lo único que genera en el seno de la empresa es confusión e incertidumbre. Y esto sí me atrevería a decir que es garantía de fracaso.

¿Cómo detectar una situación así? Pues básicamente con comunicación, comunicación y más comunicación, pero desgraciadamente en la mayoría de empresas no hay el más mínimo interés en conocer cuál es el verdadero ambiente laboral, pues es mejor pensar que es cojonudo a ser conscientes de que no es tan bueno.

Hasta aquí, claros ejemplos de cómo el liderazgo puede llegar a ser negativo, pero, por supuesto, también hay argumentos opuestos y existe, como no, un tipo de liderazgo positivo. Pero, ¿qué cualidades debe poseer un directivo para ejercerlo? Desde mi punto de vista, una cualidad indispensable es la madurez, pero no entendida como la simple acumulación de años de experiencia, sino como el conocimiento adquirido de saber anteponer las necesidades de los demás y controlar sus propios impulsos.

A la madurez llegamos todos pero ésta a la que me refiero llegan muy poquitos y es un lujo poder trabajar con ellos.

5 consejos de iniciación a las ventas

“Nunca andes por el camino trazado, pues te conducirá únicamente hacia donde los otros fueron”.

Graham Bell

Para bien o para mal, a la hora de emprender un negocio hay un aspecto realmente básico, del que no se libra casi ninguna empresa, el comercial.

Para las ventas, hay gente que tiene ciertas habilidades innatas- es evidente que ser un poco extrovertido y tener cierto don de gentes ayuda- pero creo que la ausencia de estas cualidades no significa que no se pueda vender.

Obviamente, tener un buen producto o servicio facilita las cosas. Si a eso le sumamos que se trate de algo que la gente necesite, ya ni te cuento.

Pero voy a abandonar la hipótesis fácil para centrarme en la más compleja que, por otro lado, es la que se da en el 95% de los casos (por no decir más).

Primer consejo: conócete bien

Para mí, y esto es extrapolable a cualquier aspecto en la vida, si bien es importante conocer cuáles son nuestras fortalezas, lo es aún más saber cuáles son nuestras debilidades. Puede parecer obvio pero no es fácil reconocer las limitaciones de uno. Y si no, prueba.

Segundo consejo(es evidente): conoce bien tu producto o servicio

Y diría más, créete que es el mejor del mundo. Si esto lo consigues podrás trasmitirle mucha energía al cliente.

Tercer Consejo: conoce al cliente

ESCÚCHALO, los vendedores que delante del cliente se ciñen a recitar un guión no suelen ser muy efectivos.

Para ello es importante que le hagas preguntas que te ayuden a identificar el problema del cliente; con esto conseguirás un objetivo complementario, que es trasmitirle que te preocupas por su situación.

Es importante que tengas un guión de argumentos, pero estos argumentos tienen que estar previamente trabajados para dar solución a los distintos problemas de cada cliente. De esta forma, el cliente pensará que la solución que le ofreces está diseñada justo pensando en un caso como el suyo. No lo olvides, vender es solucionar un problema al cliente.

Cuarto consejo: habla lo justo y necesario

Puede ser contradictorio, pero igual de malo es hablar poco como hablar mucho. Si llegas a un punto en el que el cliente está receptivo, es hora de no aportar más argumentos y centrarse en cerrar la venta.

Otro aspecto importante que tiene que ver con hablar mucho o poco es el decir siempre SÍ al cliente. Esto sólo es un atajo en la venta. La realidad es que lo que estarás consiguiendo con total seguridad es un cliente descontento. Y un cliente descontento suele hacer mucho ruido y más en la era de Internet en la que vivimos.

Quinto consejo: practica

Para esto hay algo que siempre ayuda, ponte delante de una espejo y véndete el producto, es probable que al principio te dé un poco de vergüenza, pero piensa que si la tienes estando sólo, ni te cuento cuándo te pongas delante del primer cliente. Así que supérala.

Para finalizar te diría que si leyendo este post llegas a la conclusión de que no eres capaz de ponerte delante de un cliente estarás cumpliendo con éxito el primer consejo. No eres buen vendedor, enhorabuena, acabas de ahorrarte un fracaso.

De todas formas, esto no puede hacer que tires la toalla, si realmente piensas que tienes una idea con posibilidades de desarrollo, siempre puedes contratar a un comercial o externalizar el servicio.

#Emprendedores, orientad la cultura de vuestra empresa a la toma de riesgos

“El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”

Winston Churchill

Para el emprendedor el fracaso es su espada de Damocles que hace que tenga que soportar un peso adicional que, en muchas ocasiones, reduce la lucidez a la hora de tomar decisiones, de tal manera que decidimos no salir de nuestro círculo de confort y optar por lo seguro, una reacción que es normal y humana.

Pero la seguridad es un riesgo, y esto lo explicó muy bien Seth Godin en su libro “la vaca púrpura”: Respondemos a nuestra aversión por las críticas escondiéndonos, evitando los comentarios negativos y con ello garantizamos nuestro fracaso. Si la única forma de abrirse paso es ser extraordinario y la única manera de evitar la críticas es ser aburrido y estar seguro, la elección es obvia, o no.

La realidad es que en la mayoría de las empresas no existe una cultura orientada a la toma de riesgos y empieza a ser una necesidad para mejorar nuestra competitividad.

Al respecto de esto, hace un tiempo, pude leer una iniciativa que me gustó mucho, fue en el blog de Jeff Stibel en Harvard Bussiness Rewiew.

Jeff explica como puso en marcha lo que él llama el muro del fracaso, como parte de sus esfuerzos para crear una cultura de empresa donde los empleados pudieran tomar riesgos sin temor a represalias.

Una noche volvió a sus oficinas y pintó toda una pared de blanco, y escribió unas sencillas instrucciones; 1. Describir un error cometido, 2. Describir el aprendizaje que supuso y 3. Firmar con el nombre.

Una vez hecho esto, el primero en dejar constancia de sus tres mayores fracasos fue el propio Jeff Stibel. En pocos días el muro estaba lleno.

Por supuesto, una iniciativa como esta no dejaría de ser algo aislado de no existir una filosofía corporativa ante los errores, él explica que en sus oficinas no fomentan la toma de riesgos, si no que exigen el fracaso, argumentando que si no fallas de vez en cuando, entonces probablemente no estás avanzando. Algo que va muy en la línea de lo que afirma Seth Godin.

Aunque esto puede ser muy atractivo de implantar Jeff advierte que en última instancia lo que conforma esta cultura son las personas, por eso la mejor manera de implantarla es centrarse en la contratación de las personas, considerando su adaptación a la cultura incluso por encima de sus cualidades profesionales.

El Cambio de Paradigma en la Búsqueda de Empleo

Vivir en plena crisis y conseguir adaptarse a la nueva situación es sólo apto para personas ágiles e inquietas que no busquen encontrar trabajo, sino crearlo. No son tiempos para hacer más de lo mismo, sino para hacer las cosas de otra manera.

A la hora de buscar empleo sucede lo mismo, ya no es momento de ir visitando a las empresas dejando un currículum y preguntando si hay trabajo.

Ahora es momento de estudiar la empresa a la que se quiere visitar, conocer sus debilidades y ofrecerle un proyecto. Eso sí, hay que ser consciente de que, en caso de que se inicie una relación profesional, pocas veces podrá pasar por la firma de un contrato por cuenta ajena. En una situación así ambas partes tienen que arriesgar algo para que haya acuerdo.

Inicialmente el contrato podrá ser mercantil, pero hay que dejar claro desde el principio los objetivos a alcanzar con el proyecto propuesto y con ello las gratificaciones, entre las que pueden estar cambios en la relación contractual.

Si estás en una situación de parado y tu prestación está próxima a finalizar es el momento de intentar otra manera de volver al mercado laboral, aunque no te recomiendo que esperes a que llegue ese momento.

Si, por ejemplo, acabas de quedarte parado, puede que pienses que no debes aventurarte a dejar de cobrar la prestación por poner en marcha un proyecto que, lo normal es que tarde meses en generar ingresos.

Pero si has encontrado una empresa a la que tu conocimiento y experiencia le puede aportar crecimiento o acceso a nuevos mercados, plantéate la posibilidad de darte de alta como autónomo antes de consumir toda tu prestación, puesto que podrás capitalizarla, es decir, cobrarla de una solo vez, eso sí, justificando el proyecto que vas a poner en marcha. Si no lo haces, una vez finalizada la prestación por desempleo estarás en peor posición, puesto que no tendrás ningún ingreso, ni por estar parado ni porque los genere el proyecto.

Además, con los últimos cambios en la legislación ya no es un problema de cara a la inspección de trabajo el hecho de que tengas un único cliente. Actualmente existe una figura conocida como TRADE que, básicamente, ampara al autónomo cuyos ingresos, desde un 75% en adelante, provienen de un único cliente.

Pasea por tu barrio y echa un vistazo a los negocios de toda la vida, seguro que hay más de uno al que le puedas aportar algo. Hay multitud de negocios cuyos dueños ya están próximos a su jubilación y que ya no tienen fuerzas ni ganas de emprender nuevas aventuras, pero seguro que con sabia nueva pueden tener mucho futuro. En este caso tendrías otra gran ventaja, que es la posibilidad de quedarte con el traspaso del negocio. Piensa que por poco que facture o por pocos clientes que tenga, no estarías empezando de cero.